Creatividad e innovación

Comencemos haciendo una diferenciación entre creatividad e innovación.

La primera se refiere al proceso de crear nuevas ideas, métodos y/o procedimientos que generalmente dan como resultado soluciones originales.  Este proceso está acompañado casi siempre por un pensamiento de tipo divergente, que no concuerda con lo comúnmente aceptado. La integración de ideas y conceptos ya existentes de una manera única también es una característica de un pensamiento divergente.

La innovación es el proceso de crear nuevas ideas, métodos y/o procedimientos e implementarlas exitosamente en el mercado. En otras palabras, y desde una perspectiva generalista, la primera no implica una necesidad de poner en práctica tales ideas y, en la segunda sí; al grado de lograr que otros las aprecien lo suficiente como para que estén dispuestos a pagar por ellas.

Tomando en cuenta esta diferenciación, ¿podríamos decir que para ser innovador se requiere primero ser creativo? Mi respuesta sería: no necesariamente. Por un lado, es difícil implementar nuevas ideas si no hemos reparado en ellas; por otro lado, la implementación de nuevas ideas puede llevarse a cabo por un sujeto distinto al que las creó. En este sentido, hay una serie de factores que contribuyen en lograr ser más innovador: características individuales, oportunidades, acceso a capital, contexto/entorno, educación, entre otros.

¿Qué es lo que debemos fomentar hoy en día? Ambas, sin lugar a duda y debemos insertarlas tanto en el entorno educativo como en el empresarial para incrementar la producción de nuevas y mejores ideas con potencial de mercado, logrando con esto incentivar la competitividad en todos los sentidos. Para lograr esto debemos crear en estos entornos un ambiente disciplinado y de alta preparación.

No es de sorprender que falte mucho trabajo por hacer en estos dos rubros, porque la creatividad e innovación deben verse más como procesos sistemáticos y menos como procesos naturales que se dan por sí mismos.

¿Qué se requiere entonces para fomentarlas? La respuesta estará en la siguiente edición.

Creatividad e innovación

Comencemos haciendo una diferenciación entre creatividad e innovación.

La primera se refiere al proceso de crear nuevas ideas, métodos y/o procedimientos que generalmente dan como resultado soluciones originales.  Este proceso está acompañado casi siempre por un pensamiento de tipo divergente, que no concuerda con lo comúnmente aceptado. La integración de ideas y conceptos ya existentes de una manera única también es una característica de un pensamiento divergente.

La innovación es el proceso de crear nuevas ideas, métodos y/o procedimientos e implementarlas exitosamente en el mercado. En otras palabras, y desde una perspectiva generalista, la primera no implica una necesidad de poner en práctica tales ideas y, en la segunda sí; al grado de lograr que otros las aprecien lo suficiente como para que estén dispuestos a pagar por ellas.

Tomando en cuenta esta diferenciación, ¿podríamos decir que para ser innovador se requiere primero ser creativo? Mi respuesta sería: no necesariamente. Por un lado, es difícil implementar nuevas ideas si no hemos reparado en ellas; por otro lado, la implementación de nuevas ideas puede llevarse a cabo por un sujeto distinto al que las creó. En este sentido, hay una serie de factores que contribuyen en lograr ser más innovador: características individuales, oportunidades, acceso a capital, contexto/entorno, educación, entre otros.

¿Qué es lo que debemos fomentar hoy en día? Ambas, sin lugar a duda y debemos insertarlas tanto en el entorno educativo como en el empresarial para incrementar la producción de nuevas y mejores ideas con potencial de mercado, logrando con esto incentivar la competitividad en todos los sentidos. Para lograr esto debemos crear en estos entornos un ambiente disciplinado y de alta preparación.

No es de sorprender que falte mucho trabajo por hacer en estos dos rubros, porque la creatividad e innovación deben verse más como procesos sistemáticos y menos como procesos naturales que se dan por sí mismos.

¿Qué se requiere entonces para fomentarlas? La respuesta estará en la siguiente edición.