Una apuesta arriesgada

Estados Unidos se encuentra en un proceso histórico; por cuarta vez se ha abierto un proceso de impeachment, o juicio político, en contra de su presidente, esta vez por considerar que Donald Trump abusó de sus facultades al solicitar a gobiernos extranjeros que investiguen a sus contendientes políticos.

Es claro que los demócratas, los cuales controlan la Cámara de Representantes, buscan que el presidente en funciones renuncie o sea removido para hacer más fácil su regreso a la Casa Blanca; pero con la elección tan cerca y con tantos escenarios posibles, muchas cosas podrían salir mal. Aun así, han decidido arriesgarse.

Existe aún la posibilidad, aunque remota, de que el impeachment no se lleve a cabo. Y por supuesto los escenarios de que, llevándose a cabo, el presidente use el control republicano del Senado para que el juicio sea declarado nulo o él sea declarado inocente.

 

Con esto, Trump saldría victorioso, su presidencia seguiría sin contratiempos y alentaría a sus seguidores, asegurándole su reelección, sobre todo con los demócratas derrotados moralmente.

Otra opción es que Trump renuncie evitando el juicio en su contra. Así Mike Pence llegaría a la Oficina Oval, desde donde daría un perdón presidencial a su antecesor, habilitándolo para contender en 2020. Electoralmente es difícil saber cómo sería la renuncia, pero haciéndose ver como víctima de los demócratas sus seguidores seguramente efervescerían dándole la posibilidad de haber sido el presidente 45 y de ser también el 46.

Finalmente, está el escenario de fractura del partido republicano, donde suficientes senadores de ese partido se convencen de votar en contra de Trump para que sea removido de la presidencia. La victoria así sería de los demócratas, que aprovecharían que ya han iniciado su campaña y que los republicanos tendrían que ir con Mike Pence, quien no tiene el mismo apoyo que Trump. En sueños, seguro los demócratas buscarían la remoción también de Pence por complicidad, lo que pondría a Nancy Pelosi en la presidencia y haciendo su camino aún más viable.

Por supuesto la remoción de Trump, y ni se diga la de Trump/Pence, de la Casa Blanca es de los escenarios menos probables, siendo lo más factible la declaratoria de inocencia. Por ello es aún una incógnita que buscan los demócratas.

Quizá la estrategia es que se le declare inocente y fomentar una campaña de castigo al corrupto que se salió con la suya y a los senadores que votaron a su favor.  Eso les ayudaría a conseguir más votos enojados para su candidato, y quizás a recuperar el control del Senado, aun con Trump reelecto. Quizás buscan alentar a otro republicano a contender en las primarias y dividir el voto para beneficiar al candidato demócrata.

Difícil de saber, ojalá su estrategia vaya bien y su apuesta sea solo arriesgada más no suicida.

Una apuesta arriesgada

Estados Unidos se encuentra en un proceso histórico; por cuarta vez se ha abierto un proceso de impeachment, o juicio político, en contra de su presidente, esta vez por considerar que Donald Trump abusó de sus facultades al solicitar a gobiernos extranjeros que investiguen a sus contendientes políticos.

Es claro que los demócratas, los cuales controlan la Cámara de Representantes, buscan que el presidente en funciones renuncie o sea removido para hacer más fácil su regreso a la Casa Blanca; pero con la elección tan cerca y con tantos escenarios posibles, muchas cosas podrían salir mal. Aun así, han decidido arriesgarse.

Existe aún la posibilidad, aunque remota, de que el impeachment no se lleve a cabo. Y por supuesto los escenarios de que, llevándose a cabo, el presidente use el control republicano del Senado para que el juicio sea declarado nulo o él sea declarado inocente.

 

Con esto, Trump saldría victorioso, su presidencia seguiría sin contratiempos y alentaría a sus seguidores, asegurándole su reelección, sobre todo con los demócratas derrotados moralmente.

Otra opción es que Trump renuncie evitando el juicio en su contra. Así Mike Pence llegaría a la Oficina Oval, desde donde daría un perdón presidencial a su antecesor, habilitándolo para contender en 2020. Electoralmente es difícil saber cómo sería la renuncia, pero haciéndose ver como víctima de los demócratas sus seguidores seguramente efervescerían dándole la posibilidad de haber sido el presidente 45 y de ser también el 46.

Finalmente, está el escenario de fractura del partido republicano, donde suficientes senadores de ese partido se convencen de votar en contra de Trump para que sea removido de la presidencia. La victoria así sería de los demócratas, que aprovecharían que ya han iniciado su campaña y que los republicanos tendrían que ir con Mike Pence, quien no tiene el mismo apoyo que Trump. En sueños, seguro los demócratas buscarían la remoción también de Pence por complicidad, lo que pondría a Nancy Pelosi en la presidencia y haciendo su camino aún más viable.

Por supuesto la remoción de Trump, y ni se diga la de Trump/Pence, de la Casa Blanca es de los escenarios menos probables, siendo lo más factible la declaratoria de inocencia. Por ello es aún una incógnita que buscan los demócratas.

Quizá la estrategia es que se le declare inocente y fomentar una campaña de castigo al corrupto que se salió con la suya y a los senadores que votaron a su favor.  Eso les ayudaría a conseguir más votos enojados para su candidato, y quizás a recuperar el control del Senado, aun con Trump reelecto. Quizás buscan alentar a otro republicano a contender en las primarias y dividir el voto para beneficiar al candidato demócrata.

Difícil de saber, ojalá su estrategia vaya bien y su apuesta sea solo arriesgada más no suicida.