SALUD EMOCIONAL DESDE TEMPRANO
Cuando hablamos de atención psicológica en la infancia es habitual encontrar perspectivas o enfoques encaminados a “construir adultos felices”, a pensar en la futura persona que se convertirá, lo que nos distrae de las realidad más importante para las infancias: son personas completas hoy.
La atención psicológica puede entenderse como un proceso de acompañamiento especializado, brindado por algún experto que está dirigido a mejorar la salud mental, bienestar emocional y en general la calidad de vida de las personas. Dentro de este entendimiento podemos identificar una variable importante que resulta esencial: El factor tiempo.
Una atención psicológica oportuna puede considerarse aquella que ocurre antes de las primeras señales de alerta, en cambio, una atención tardía será aquella que inicie después de que los primeros síntomas o signos de alerta causen las dificultades iniciales en áreas importantes de la vida del niño.
Dentro de estos signos de alerta que pueden observarse en etapas tempranas podemos encontrar algunos como: cambios bruscos de humor, miedos extemporáneos a la etapa de desarrollo actual, problemas de conducta, dificultades en el rendimiento académico, alteraciones fisiológicas (como sueño, alimentación, control de esfínteres, etc) y desfases en sus habilidades de desarrollo como lenguaje, juego e interacción, entre otros.

Para hablar de infancias sanas debemos entender a los niños como personas completas, con ideas propias, con problemas reales, con emociones que aunque, de manera directa, son gestionadas a través de su etapa de desarrollo, son tan legítimas como en cualquier otra persona. Una atención oportuna no solo mejora la calidad de vida de las infancias, sino que en muchos casos, puede convertirse en esa armadura protectora que le acompañe a lo largo de su vida para enfrentarse a los retos que día a día nos acompañan como sociedad.
En ese sentido, es de vital importancia entender que una infancia sana no se caracteriza necesariamente por la ausencia total de dificultades o problemas de conducta, sino de la capacidad del niño de autorregularse ante situaciones que le resultan frustrantes o incómodas, es decir, no se trata de tener hijos o hijas que no hagan berrinches, sino de extenderles herramientas útiles de regulación que les ayuden con la gestión de la frustración, enfocadas a su etapa de desarrollo. Por lo tanto, uno de los objetivos frecuentes en la intervención infantil tanto en el consultorio como en sus entornos cercanos, es la tolerancia de la frustración, esto protege tanto a las infancias como a sus familias con un menú de opciones de gestión de malestar que contribuyan a un desarrollo sano, previniendo en un futuro cercano la aparición de conductas insanas (en contexto de salud mental) que le lleven a buscar evitar o reducir esta frustración comprometiendo tanto su bienestar como el de otros.
Según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), aproximadamente, el 70%-75% de los
niños en riesgo o con necesidades de salud mental o desarrollo no reciben el tratamiento psicológico o terapia que requieren.
Por otro lado, fomentar un vínculo seguro es el marco de referencia desde la cual las infancias se desarrollan sanamente, teniendo como sostén principal la convicción de que un vínculo seguro con los hijos no se basa en responder con un “sí” a todas y cada una de sus exigencias o necesidades, sino de responder con sensibilidad, afecto y consistencia (predeciblemente) a ellas, aunque la respuesta pueda ser un “no” contundente.
Como tercer elemento a considerar en una atención oportuna tenemos el juego, ya que este es el escenario ideal dentro del cual las infancias desarrollan habilidades para la solución de conflictos, fomenta la creatividad, permite liberar tensiones, estimula las habilidades sociales, así como el desarrollo cognitivo e intelectual.
Por lo tanto, una atención psicológica infantil oportuna será aquella que se enfoque en proteger y beneficiar de manera directa cualquiera de estos tres aspectos que son parte fundamental del desarrollo sano de las infancias.
En conclusión, si bien la intervención infantil representa un desafío complejo que exige una estrecha colaboración interdisciplinaria y familiar, acudir a terapia debe ser visto, ante todo, como un acto de cuidado y compromiso hacia el desarrollo integral de los hijos.
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