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Una energética cuarta transformación



Poco tardaron las autoridades de la cuarta transformación en develar la parte que menos les gusta de la reforma energética llevada a cabo durante la administración anterior. Pareciera que la mayor molestia no venía de la entrega de los recursos a capitales extranjeros, como lo dijeron en campaña, sino del tránsito al uso de energías renovables para generar electricidad y la apuesta a la extracción-exportación de crudo.

Es entendible que para un gobierno con una carga ideológica notable (Lázaro Cárdenas aparece incluso en el logotipo) el petróleo sea una obsesión, como se ha visto en discursos, proyectos y presupuestos. Pero asociar un bien que ahora sirve solo como referente histórico de lucha nacionalista, con el crecimiento del país es un error.

Sin duda, como dice el Presidente, el petróleo tiene aún potencial; el error está en que ese potencial se acabará pronto, en que la actividad petrolera es cada vez menos importante en la economía nacional y cada vez aporta menos a las finanzas públicas. Sabemos a ciencia cierta que la bonanza del petróleo no durará más allá de la próxima generación por lo que experimentar apostándoles a la refinación resulta un callejón sin salida.

¿Qué hacer en este escenario?

La respuesta es muy sencilla: aprovechar la capacidad de PEMEX en conjunto con inversiones extranjeras en la extracción y exportación, que son actividades rentables, y las ganancias invertirlas en financiar la transición hacia energía limpias, para las que México tiene enorme potencial. Esto significaría poner al país en la vanguardia no solo económica, sino ecológica, política y social.

Claramente, esa no es la apuesta del gobierno en turno.

Seguro el petróleo alcanzará para el periodo comprendido entre 2018 y 2024 y su uso aun será redituable, a eso le apuesta la 4T. Lo posterior es problema de alguien más. El problema es que ese “alguien más” son los mexicanos.

 

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