¿ESTAMOS CRIANDO NIÑOS
ANSIOSOS O NIÑOS FELICES?
Menos agendas, más risas: criar no es producir niños perfectos, es permitirles vivir, sentir y ensuciarse. ¿Estamos formando infancias felices… o solo niños que saben cumplir?
Criar hoy se parece más a dirigir una compañía que a acompañar una infancia. Mamá y papá se vuelven los CEOs que van dirigiendo (muchas veces sin manual y sin una dirección clara), los managers de emociones (gestionando crisis constantes), los directores logísticos (horarios, loncheras, uniformes, citas…), recursos humanos, el soporte técnico y controles de calidad. ¿Apoco no?.
Pero déjame te digo… que no. La intención de que veas a tu familia como tu proyecto de vida más importante no es el que se vuelva otra serie de pendientes más. Ni la de convertir a tus hijos en los empleados del año. Pero de gozar de tu ma/paternidad y en especial, de tus chaparros. No se trata de hacer más, pero de estar más y permitirles SER.
Antes de continuar, ponte tu casco imaginario, pero bien puesto porque quizás por ahí van a volar hacia ti una o dos pedradas. OJO, no para echar culpas, pero desde el amor. Como un “amiga, date cuenta”.
Porque desde acá puedo verte al corre, corre entre agendas, pantallas, actividades y con el miedo al “qué dirán” huyéndole a la chamba incómoda que nos toca como papás (gulp).
Cambiando juegos por logros, hobbies por exigencias, su imagen por tu ego, el convivir por pantallas y la conexión por control.
Como parenting coach, lo veo todos los días: padres agotados intentando hacerlo “perfecto” (¡hola autoexigencia!) y niños cada vez más desconectados. La pregunta incómoda no es si los estás educando “bien” pero… ¿les estás permitiendo ser niños?
Aquí te va mi lista de las grandes ironías de la crianza que le están robando la infancia a tus hijos.
Queremos hijos resilientes, pero evitamos que se frustren.
Repite conmigo “la frustración no es el enemigo”. Ya te vi dándole la tablet al segundo 7 para que deje de llorar. Cuando un niño se frustra está desarrollando su tolerancia a lo incómodo, va aprendiendo a regularse, se vuelve persistente, crece sabiendo “yo puedo”.
De esto está hecha la infancia. De intentar, fallar, enojarse, aburrirse, volver a intentar… y lograrlo. Cada vez que le ahorras su frustración, le quitas una oportunidad de construir quién es.
Verdad incómoda: la vida no se va a adaptar a ellos, ellos necesitan aprender a adaptarse a la vida. Y nuestra chamba como papás es darles esas herramientas. Porque realmente… ¿estás evitando su frustración por él/ella o por ti?
Queremos que sean seguros, pero corremos a resolverles.
Y después llegan conmigo “Sofia, es que está cañón. Se rinde súper rápido, no quiere hacer nada, le veo con baja autoestima”. Deja de cambiar experiencia por eficiencia… por tu falta de paciencia, por tu practicidad. La infancia no es que todo salga bien, es crear el espacio para intentar, fallar y descubrir “sí puedo”.
¿QUÉ PODEMOS HACER MENOS PARA DARLES UNA INFANCIA LLENA DE VIDA?
-Llenar cada minuto de su día con actividades “productivas”.
-Evitar, pausar y/o resolver cualquier emoción incómoda.
-Resolverles todo para que “no sufran” o para “ir más rápido”.
-Dar pantallas para calmar, distraer o evitar emociones/frustraciones.
-Interrumpir su juego por cosas no urgentes.
-Apurarlos constantemente.
-Usar el celular cuando estamos con ellos.
-Tratarlos como “mini adultitos”, en especial a los hermanos mayores. A bajar esas exigencias y ajustar expectativas.
¿QUÉ PODEMOS COMENZAR A HACER MÁS?
-Tiempo libre sin estructura (sí, deja que se aburran).
-Juego espontáneo, desordenado, sin objetivo, libre, ruidoso, sucio.
-Dejarles frustrarse.
-Acompañar emociones sin quererlas apagar.
-Paciencia: dar tiempo para que intenten y resuelvan.
-Bajar el ritmo.
-Priorizar conexión sobre corrección.
-Estar presentes de verdad (mirada, cuerpo, atención… sin teléfono en mano)
-Decir más “intenta otra vez” que “mejor yo lo hago”
-Disfrutarlos sin agenda, sin prisas.
Queremos que sean pacientes, pero vivimos apurándoles.
Dejemos de quitarles el derecho a ir a su ritmo. La infancia es lenta por naturaleza. Niños que viven apurados son niños que después no logran disfrutar de su vida y se vuelven adolescentes ansiosos. Deja de existir el juego profundo, su curiosidad va desapareciendo, los berrinches van en aumento y su confianza se empieza a ir al traste.
La infancia necesita tiempo y la prisa la borra. Pausa. Tírate al piso a jugar con ellos, deja espacio para hacer nada. Dales el regalo de tu presencia.
No es casualidad que estas generaciones que han estado creciendo entre prisas y pantallas nos estén dado la generación de adolescentes con más depresión y ansiedad que se ha visto (más del 52%).
Queremos que sean felices… pero que lo sean hablando bajito, sin ensuciarse, sin darnos lata, sin desordenar la casa.
Así se vive muchas veces la infancia hoy.
Queremos risas, pero sin ruido.
Queremos juego, pero sin caos.
Queremos creatividad, pero sin reguero. Queremos conexión, pero nos da flojera entrar en su mundo.
Queremos que nos cuenten las cosas, pero rapidito y cuando le preguntemos porque no tenemos tiempo para más.
En otras palabras: queremos la versión cómoda de la felicidad.
Pero ¿qué crees? La infancia no es cómoda. Es ruidosa, desordenada, intensa, caótica, impredecible… y a veces desesperante.
Un niño feliz no es aquel que está sentado perfecto cual estatua. Está corriendo, mezclando plastilinas (el terror de toda madre), haciendo preguntas infinitas, inventando juegos sin sentido, interrumpiendo tus conversaciones y ensuciándose justo cuando ya lo habías cambiado.
Y sí, eso incomoda. Porque choca con nuestra necesidad de orden y control.
Si ya te diste cuenta de que tú eres quién necesita hacer muchos cambios porque su frustración te frustra, porque no toleras sus emociones fuertes, porque te sigues aferrando con uñas y dientas a tener el control, porque te cuesta pausarlo todo para jugar… ¡felicidades! Ya estás en el primer paso para criar consciente, tu autoconocimiento. Para el resto del camino, te puedo acompañar.
Menos prisa.
Menos control.
Menos resolverle todo.
Más infancia.
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Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor.













