Al final de la edición anterior mencioné lo importante que sería revisar la forma en que se resuelven problemas dentro de la organización; llegar a aprendizajes de segundo orden, donde se logre reflexionar y cambiar prácticas organizacionales en pro de un crecimiento sostenido.
Para abordar el tema de este tipo de aprendizaje, voy a iniciar construyendo un principio detonante del mismo: la organización inteligente.
Entendemos por Organización Inteligente, toda empresa cuya estructura, definida como el conjunto de políticas, reglas y cultura organizacional, le permite renovarse a sí misma, respondiendo eficientemente a los cambios del entorno. Es una Organización que tiene un nivel de Aprendizaje eficaz; es decir, capaz de detectar errores en su funcionamiento y corregirlos en el menor tiempo posible.
¿Hay una manera de fomentar la construcción de una organización inteligente? ¿Qué elementos formarían parte de ella? Se puede lograr construir una organización inteligente siempre y cuando entendamos primero que ésta actúa como un Sistema; como un conjunto de partes que están interrelacionadas y que interactúan entre sí, por lo que una acción llevada a cabo en una de sus partes tendrá un impacto, necesariamente, en el resto. Una política de reducción de costos en una empresa puede tener un impacto “inmediato” en el área de ventas; y será cuestión de tiempo que comencemos a ver otros impactos de esta decisión en otras partes del sistema (buenos y no tan buenos).
El problema es que batallamos para ver. Nos cuesta trabajo ver las interrelaciones y tendemos a buscar una explicación causa-efecto de manera lineal. Pensamos que A produce B; y no reparamos en que las decisiones que tomamos generan acontecimientos en la empresa que están por venir; es decir, que se manifestarán en el mediano y largo plazo.
Lo anterior parece tener una explicación lógica, los seres humanos no podemos vivir sin certeza; la incertidumbre de porqué pasa lo que pasa nos produce tal nivel de estrés que el apresurarnos a dar una respuesta parece “inminente”. Si esto es así, ¿qué podemos hacer para mitigar el impacto de esta “necesidad” humana?
Continuará…













