LA ANIMACIÓN CHIHUAHUENSE QUE CONECTA CON EL MUNDO
Ramón, creador de Ruperto el Tlacuache, nos cuenta cómo un encuentro inesperado inspiró al personaje que hoy recorre calles, plazas y rincones cotidianos convertidos en pequeñas historias animadas.
La historia comenzó con una recomendación estratégica. Un productor le sugirió a su creador desarrollar una propiedad intelectual propia para abrir puertas a nuevos proyectos. El primer diseño fue un gato; después vino la idea de un coatí. Sin embargo, una noche en Playa del Carmen apareció un pequeño tlacuache colgado de una escalera y cambió el rumbo del proyecto. Ese instante fortuito dio origen a un personaje que hoy camina, reflexiona y toca el saxofón entre calles que parecen conocidas por cualquiera.
Lo interesante de Ruperto no es únicamente su diseño, sino la filosofía que lo sostiene. Sus historias mezclan experiencias diarias con lecturas de Séneca y Marco Aurelio, construyendo un protagonista estoico que se equivoca, aprende y continúa. En un entorno digital donde abundan personajes perfectos o exagerados, Ruperto encuentra fuerza en su humanidad.
También hay una apuesta estética poco común. Cada escenario es fotografiado personalmente por su creador y casi siempre corresponde a lugares ordinarios: una calle cualquiera, una esquina del centro histórico, un espacio que normalmente pasaría desapercibido. Así, Chihuahua deja de ser un simple fondo y se transforma en parte de la narrativa. La ciudad aparece como la ve alguien que la habitó durante años y que aún encuentra belleza en sus detalles más sencillos.
Quizá la lección más valiosa de Ruperto esté fuera de la pantalla. Su creador insiste en que el arte no debe divorciarse del negocio. Animar cuadro por cuadro puede ser terapéutico, pero también debe ser sostenible.
Muchos artistas sienten que mostrar su trabajo basta, este personaje nos recuerda que crear también implica construir un proyecto capaz de crecer y generar una vida digna para quien lo hace posible. Y tal vez por eso el pequeño tlacuache conecta tanto: porque detrás de cada movimiento dibujado a mano hay una mezcla honesta de sensibilidad, disciplina y visión de futuro.
Detrás del personaje
Ruperto toca de verdad:
Cuando aparece con un saxofón, el sonido es interpretado por el propio Ramón, quien se graba tocándolo para integrarlo a la animación.
Animación artesanal:
Cada movimiento de Ruperto se dibuja a mano utilizando la técnica tradicional frame by frame.
Escenarios reales:
Los fondos son fotografías tomadas por Ramón durante sus propios recorridos por calles, plazas y rincones cotidianos.
Un personaje estoico:
Las reflexiones de Ruperto están inspiradas en las ideas de Séneca y Marco Aurelio, pero siempre desde una mirada humana y cercana.
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