Descubre cómo la realidad virtual y la IA están reinventando el turismo
¿Te imaginas recorrer las pirámides de Egipto al mediodía y cenar en un Tokio virtual al anochecer… sin moverte del sofá? El metaverso ya lo hace posible. Pero, ¿es esto viajar o algo completamente nuevo?
Confesión: hace un mes, mi sobrino de 12 años me “llevó” de viaje. Con unas gafas VR, caminamos por Marte, luego volamos sobre el Gran Cañón y terminamos en un concierto de Daft Punk (¡que ya ni existe!). “Esto es mejor que un avión, tío”, me dijo. Y aunque al romántico de los pasaportes que hay en mí le dolió admitirlo, tenía razón en algo: el turismo ya no cabe solo en un boleto de aerolínea.
Guías turísticos del siglo XXII (que ya existen):
En Decentraland, puedes comprar un “terreno” digital junto al Coliseo Romano y montar tu propia agencia de tours inmersivos. Carla, una arquitecta española, creó réplicas históricas en 3D con audio de IA que explica cómo vivían los gladiadores. “Es como viajar en el tiempo, sin el olor a multitud”, bromea. Lo fascinante: estos proyectos financian la conservación del patrimonio real mediante NFTs.
Turismo para todos (literalmente):
El metaverso rompe barreras físicas. María, una mujer con movilidad reducida en Monterrey, me contó cómo “visitó” Machu Picchu con sensores hápticos que le permitieron sentir la textura de las piedras. “Nunca pensé que podría ‘caminar’ ahí”, dijo. Plataformes como Horizon Worlds ya ofrecen experiencias accesibles con subtítulos en tiempo real y avatares adaptados.
¿Y el planeta? Agradece:
Un estudio del MIT calcula que un viaje virtual a París genera 99% menos CO₂ que uno físico. Hoteles como el Hilton prueba “habitaciones espejo” en el metaverso: reservas tu estadía real después de recorrerla en digital. “Es como probarte ropa antes de comprarla”, explica su gerente.
¿Listo para tu primera maleta digital? Comienza con apps como Wander o Google Earth VR
El metaverso no matará al turismo tradicional, pero lo desafía a evolucionar. La recomendación es usarlo para ampliar experiencias, no reemplazarlas. ¿Por qué no “pre-viajar” a un destino antes de ir? ¿O revivir un viaje años después? La tecnología, al final, es solo otro equipaje. El pasaporte lo llevamos en la curiosidad.
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