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Françoise Bettencourt Meyers



Françoise Bettencourt Meyers
11
Mar
Enigmática, despreocupada y la mujer más rica del mundo, así es la heredera del imperio de L’Oréal

Françoise siempre ha destacado por su extremado hermetismo respecto a su vida privada, pese a ser hija de dos importantes figuras públicas y estar dos veces envuelta en escándalos.

Françoise Bettencourt Meyers, nieta del fundador de L’Oréal, Eugène Schueller, e hija única de Liliane Bettencourt, heredó en 2017 las propiedades de su madre, la mayoría de las acciones de la compañía, así como un alto porcentaje de control de Lancôme, Helena Rubinstein, Maybelline, Garnier, Urban Decay, entre otras marcas.

Antes de ser presidenta de la Fundación Bettencourt Schueller y de L’Oréal, Françoise fue vicepresidenta del Consejo de Administración, de 1997 a 2017; y el diciembre fue nombrada la mujer más rica del mundo al sobrepasar los 100,000 millones de dólares, acorde con Bloomberg, por el aumento de las acciones de la marca.

El 28 de diciembre de 2023, Françoise se convirtió en la mujer más rica del mundo.

Sin embargo, Françoise nunca ha hecho alarde de su riqueza, no usa joyas, ni tiene actos extravagantes, y tampoco vive en una mansión. Por el contrario, su hogar se encuentra en un edificio discreto en su natal Neuilly-sur-Seine, ciudad-comuna exclusiva para la burguesía francesa, e igual de moderada ha sido su vida, desde su nacimiento, el 10 de julio de 1953.

Sobre su infancia y juventud se sabe poco. El periódico El País, reveló que Françoise estudió con las monjas del Sagrado Corazón en Marymount, Neuilly, en donde le enseñaron a lucir siempre imperturbable.

Más tarde, recibió educación en casa por el temor de que fuera secuestrada: su madre era empresaria y socialité francesa, y su padre, Andre Bettencourt, un prominente político. Ambos la adoctrinaron en la fe católica, la concientizaron de su privilegio y le inculcaron que el dinero no era lo más importante en la vida.

Muy poco interesada en el mundo empresarial, Françoise estudió en la Academia de Bellas Artes de Francia y decidió excluirse de la fama, pese a que acompañó a su madre -quien la describía como fría y lenta- en viajes y eventos.

Por otra parte, sus actividades la muestran como una mujer humanista. Françoise es pianista, pasa alrededor de 4 horas diarias tocando, y escribió dos libros de análisis: Los dioses griegos: genealogías y Una mirada a la Biblia. También es filántropa, apoya al Instituto de Implantación Coclear de Isla de Francia desde 2005 y a programas de desarrollo de las ciencias y las artes.

Con la Fundación Bettencourt Schueller, creada por Liliane en 1987, donó 226 millones de dólares para la reconstrucción de la catedral de Notre Dame, tras el incendio del 2019.

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|| Desafíos en el camino

El 6 de abril de 1984, Françoise se casó con Jean Pierre Meyers. El joven venía de una familia judía de banqueros, su abuelo era rabino y fue asesinado en Auschwitz. Esto incomodaba la familia, ya que el fundador de L’Oréal, Eugène Schueller, fue juzgado por colaborar con los nazis durante la ocupación en Francia.

Además, el padre de Françoise era estrictamente católico y escribió artículos antisemitas a principios de los años cuarenta para un periódico respaldado por Alemania, pero después se unió a La Résistance, movimiento contra la ocupación nazi en Francia durante la Segunda Guerra Mundial.

Ya como miembro de los Bettencourt, Jean Pierre Meyers ingresó al Consejo de Administración de L’Oréal, en 1987, luego de que el padre de Françoise le pidiera que se ocupara también del negocio.

“Si alguien hubiera querido casarse conmigo solo porque tenía dinero, lo habría visto. Esperé mucho tiempo a mi marido y sé que no era el dinero lo que le atraía: ¡nos conocemos desde que llevábamos pañales!”, comentó Françoise en una entrevista, recordando que conoció a Jean a los 19 años y esperaron para casarse 10 años.

Françoise se convirtió al judaísmo después de su boda y tuvo dos hijos, ambos también son parte de la empresa familiar. Nicholas Meyers es miembro de la Junta Directiva y Jean-Victor Meyers sucedió a su abuela frente al Consejo de Administración.

El segundo escándalo que envolvió a la heredera de L’Oréal fue en 2007, cuando demandó al fotógrafo François-Marie Banier, amigo de varias celebridades y conocido por ser manipulador de mujeres de la tercera edad, de aprovecharse de la deteriorada salud mental de su madre.

Françoise se enteró de que Banier llevaba años recibiendo regalos millonarios de la empresaria, además, gracias a un mayordomo, supo que se postuló como heredero universal del imperio Bettencourt y que Lilian pensaba en adoptarlo. De esa forma se ganó la enemistad de su madre, quien aseveró que su hija, en lugar de esperar su muerte, hacía “todo lo posible por precipitarla”.

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El juicio duró casi 10 años, dejando ver cuantas personas explotaban las bondades de Liliane, incluso un expresidente francés. La polémica finalizó con el encarcelamiento de Banier y con la declaración de que Liliane sufría demencia, quedando bajo la tutela de sus nietos e hija. Tras su fallecimiento, madre e hija nunca volvieron a tener relación.

Desde ese momento, poco se sabe de Françoise, a quien siempre se le ve con su gran melena y su rostro enmarcado por lentes de pasta negra.

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