POLÍTICA QUE RESUELVE
La política exige hoy cercanía y resultados. La trayectoria de Santiago De la Peña conecta lo institucional con lo humano, desde valores firmes en un entorno público cada vez más demandante.
Lejos de definirse únicamente por su cargo, De la Peña proyecta una identidad arraigada en lo personal. Antes que funcionario, se asume como hijo, hermano, esposo y padre. Esa declaración, que podría parecer común en el discurso político, adquiere otro peso cuando se entrelaza con su historia: una familia donde el trabajo, la honestidad y el servicio no eran aspiraciones, sino normas de vida. En esa base se construye una visión del servicio público que trasciende la coyuntura y se instala en la convicción.
Abogado de formación y servidor público por decisión, su trayectoria ha transitado por distintos niveles de gobierno —federal, estatal y municipal— así como por la iniciativa privada. Esta combinación, poco común en perfiles tradicionales, le ha permitido observar la función pública desde dos ángulos: el del tomador de decisiones y el del ciudadano que enfrenta sus consecuencias. En ese cruce se encuentra una de sus principales definiciones: la política no puede quedarse en el discurso, debe convertirse en resultados tangibles.

“Soy chihuahuense que cree en la familia y en los valores que me enseñaron mis padres a mi y a mis hermanos. Antes que cualquier cargo, soy hijo, hermano, esposo y papá”.
Una de las experiencias que marcó su forma de entender el poder ocurrió a una edad temprana. A los 24 años, formó parte de la Presidencia de la República en un momento de transición nacional. Desde ahí, comprendió la magnitud de cada decisión pública y el impacto real que puede tener en la vida de miles de personas. No obstante, fue su paso por la iniciativa privada el que terminó de completar su perspectiva. Ahí conoció la espera, los trámites y la incertidumbre desde el otro lado del escritorio. Esa dualidad, asegura, lo “aterrizó”.
Hoy, como Secretario General de Gobierno, posición a la que llegó por invitación de la gobernadora Maru Campos, enfrenta uno de los mayores retos de la administración pública: convertir el crecimiento en bienestar. Chihuahua ha evolucionado, se ha modernizado y ha elevado su competitividad, pero también ha generado nuevas demandas ciudadanas. Seguridad, transporte, infraestructura y servicios básicos son hoy más que temas de agenda: son exigencias inmediatas.
En este contexto, su estilo de liderazgo se vuelve un elemento central. De la Peña apuesta por una fórmula que combina cercanía y firmeza. Escuchar, dialogar y construir acuerdos forman parte de su método, pero no a costa de evadir decisiones difíciles. Reconoce que gobernar implica, en ocasiones, tomar medidas impopulares, siempre bajo la premisa de que el objetivo final es mejorar la vida de las personas. Para él, la cercanía no se mide en eventos ni en saludos, sino en la capacidad de involucrarse y resolver.

Esta visión se conecta directamente con otro de los pilares de su gestión: la profesionalización del gobierno. En un entorno donde los problemas públicos son cada vez más complejos, insiste en que la buena voluntad no basta. La política define el rumbo, pero son los perfiles técnicos los que permiten materializarlo. Apostar por especialistas no solo eleva la calidad de las decisiones, sino que también fortalece la confianza ciudadana. Gobernar con sustento técnico, en su lógica, es gobernar con responsabilidad.
Sin embargo, su enfoque no es exclusivamente técnico. De cara al escenario político rumbo a 2027, plantea una reflexión relevante sobre el papel de los nuevos liderazgos. Reconoce la necesidad de incorporar nuevas ideas, visiones frescas y formas distintas de conectar con la ciudadanía. Pero advierte también sobre el riesgo de romper con todo lo anterior. Para De la Peña, el verdadero reto está en construir puentes: integrar la innovación sin perder la experiencia acumulada.
CLAVES DE UN LIDERAZGO QUE MARCA RUMBO
PERFIL EN UNA LÍNEA
Santiago De la Peña representa una nueva generación de perfiles públicos: técnico, cercano y con raíces firmes en los valores familiares.
DOBLE VISIÓN
Gobierno + iniciativa privada = una perspectiva completa: entiende tanto al funcionario como al ciudadano que exige respuestas.
EL GRAN RETO
Que el crecimiento de Chihuahua se traduzca en bienestar real: seguridad, transporte, infraestructura y servicios.
APUESTA CLAVE
Gobierno con perfiles técnicos: menos improvisación, más resultados.
EN UNA FRASE
Gobernar es no olvidar nunca para quién se trabaja.
En ese equilibrio, los perfiles ciudadanos emergen como actores clave. Su participación, considera, puede inclinar la balanza electoral y enriquecer la vida pública. No obstante, su incorporación debe darse dentro de un marco que valore las instituciones y los aprendizajes previos. La política, sostiene, no necesita más divisiones, sino consensos que permitan avanzar.

El papel de la actual administración estatal también resulta determinante en esta narrativa. Bajo el liderazgo de Maru Campos, se han impulsado acciones en salud, infraestructura y movilidad que buscan impactar directamente en la calidad de vida de los chihuahuenses. Programas como MediChihuahua, junto con obras públicas y la modernización del transporte, forman parte de una estrategia que busca responder a las demandas actuales sin perder de vista el futuro.
Pero más allá de programas y estructuras, lo que define el ejercicio de gobierno en su día a día es la toma de decisiones. Para De la Peña, este proceso se sostiene sobre tres ejes: lo técnico, lo político y lo social. Cada decisión debe ser viable, ejecutable y, sobre todo, sensible a su impacto en la ciudadanía. No siempre coinciden estos elementos, reconoce, y ahí radica la complejidad de gobernar. Elegir implica priorizar, y priorizar implica asumir costos.
El caso de Santiago De la Peña refleja, en muchos sentidos, el momento que vive la política en Chihuahua. Un estado que crece, que se transforma y que exige más de sus gobernantes.
En ese escenario, su perfil propone una síntesis: valores firmes,
decisiones informadas y una cercanía que no se quede en la superficie.

“Yo creo en un liderazgo cercano, pero también firme. Me gusta escuchar, dialogar, y construir acuerdos, pero sobre todo dar respuesta y resultados. Pero también sé que hay momentos en los que hay que tomar decisiones, aunque no sean las más populares”.
Porque, al final, gobernar no es solo administrar recursos o gestionar conflictos. Es, como él mismo plantea, no perder de vista para quién se trabaja. Y en esa premisa —simple en apariencia, compleja en la práctica— se juega la verdadera legitimidad del poder.
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